Una caldera de gas bien mantenida suele durar entre 12 y 15 años, aunque algunas siguen funcionando más tiempo. La vida útil real depende del uso, del mantenimiento y de la calidad del agua de la zona.
Señales de que conviene plantearse el cambio
- Se avería más de una o dos veces al año
- Cada reparación cuesta cada vez más y las piezas empiezan a ser difíciles de encontrar
- Ha perdido eficiencia notablemente: tarda más en calentar o el consumo de gas ha subido
- Tiene más de 12-15 años y es una caldera antigua sin condensación
Reparar o sustituir: cómo decidirlo
Una regla orientativa que usan muchos técnicos: si el coste de una reparación supera el 40-50% del precio de una caldera nueva equivalente, o si la caldera ya ha superado su vida útil esperada, suele salir más a cuenta sustituirla que seguir invirtiendo en reparaciones puntuales.
Qué mirar si decides cambiarla
- Que sea una caldera de condensación, obligatorias ya en instalaciones nuevas por normativa
- La potencia adecuada para el tamaño de tu vivienda, ni excesiva ni insuficiente
- Si tu instalación de gas o la salida de humos necesita alguna adaptación para el nuevo equipo
Antes de decidir, una revisión de tu caldera actual nos permite darte una valoración honesta: si compensa repararla una vez más o si ya es buen momento para cambiarla.
Este artículo es informativo y no sustituye la inspección de un técnico certificado. Las calderas de gas son aparatos que implican riesgo de intoxicación por monóxido de carbono y de fuga de gas: ante cualquier duda, huele a gas, u hollín/manchas negras cerca de la caldera, corta el suministro y llama a un profesional o al teléfono de emergencias de tu compañía de gas.