El mantenimiento preventivo es, con diferencia, la forma más barata de evitar averías graves en pleno invierno. Muchas de las incidencias más costosas empiezan como un desgaste pequeño que una revisión anual detecta a tiempo.

¿Cada cuánto hay que revisar la caldera?

Lo habitual es una revisión anual, idealmente antes de que empiece la temporada de calefacción (septiembre-octubre), para llegar al invierno con la caldera a punto. Algunas comunidades autónomas exigen además una revisión periódica de la instalación de gas por normativa, independiente del mantenimiento de la propia caldera.

Qué incluye una revisión de mantenimiento

  • Comprobación de la presión y estanqueidad del circuito
  • Limpieza del quemador y del intercambiador de calor
  • Revisión de la combustión y de la salida de humos
  • Comprobación del funcionamiento de las válvulas de seguridad
  • Revisión del estado general de conexiones eléctricas y de gas
No es solo para evitar averías Una caldera sucia o mal ajustada consume más gas para dar el mismo resultado. El mantenimiento también repercute en la factura, no solo en la fiabilidad.

Qué puedes vigilar tú entre revisión y revisión

  • Que la llama, si es visible, se vea azul y estable, no amarillenta
  • Ruidos nuevos al encender o durante el funcionamiento
  • La presión del manómetro, especialmente al empezar la temporada de frío
  • Manchas de humedad u hollín alrededor de la caldera

Si notas cualquiera de estas señales antes de tu revisión anual, no hace falta esperar: merece la pena adelantar la visita.

Este artículo es informativo y no sustituye la inspección de un técnico certificado. Las calderas de gas son aparatos que implican riesgo de intoxicación por monóxido de carbono y de fuga de gas: ante cualquier duda, huele a gas, u hollín/manchas negras cerca de la caldera, corta el suministro y llama a un profesional o al teléfono de emergencias de tu compañía de gas.